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Verso y estribillo con Andrés Suárez

Elena Bello Afonso
Tomaticket.es

Cantante y compositor gallego, Andrés Suárez lleva en el mundo artístico desde hace diecisiete años. Tiempo en el que ha conseguido consagrarse como artista gracias a sus letras personales y románticas que deslumbran una gran calidad.
Se describe como una persona mal hablada y de pensamientos muy liberales. Muy pero muy influenciado por las películas Disney y el sueño de encontrar el amor.
Andrés Suárez, una bomba que quiere explotar en Tenerife, nos muestra su cara más personal y sincera en esta entrevista.

En los últimos años te has convertido en un artista consagrado en la música de cantautor, ¿cuándo descubriste que tenías el talento necesario para impulsar tu carrera?

Desde que tengo uso de razón pensé que podía dedicarme a lo que quisiera. Es decir, yo he dudado de mí en algún momento pero nunca de mis sueños, ni de mi voluntad, ni de mis canciones. Dude a título personal de mis miedos, pero mis canciones me llevaron al metro de Madrid, a la calle Castillo hace años o al Cuadrilátero a tocar para tres personas. Un gallego que llega a Tenerife a dormir en sofás de quien corresponda y a cantar sus canciones es porque cree en sí, si tú no crees en ti en el periodismo o la música ¿dónde vas? Así que creo que desde un principio supe que podía vivir de la música. Luego todo el mundo tiene sus fantasmas y sus miedos, pero si puedes soñarlo, puedes hacerlo y no puedes permitir que nadie te diga que no vales o que no lo vas a conseguir. En algún momento me paso, que llega alguien y te dice “esto no mola y tú no vas a llegar a triunfar”. Yo con tal de olvidar aquellas palabras y seguir, aquí estoy a día de hoy, 17 años después.

Natural de Galicia ¿te ha sido difícil abandonar tu tierra para cumplir tus sueños?

Muchísimo. Mientras venía de camino tuve una conversación que tenía que ver con el mar y con esta voluntad de no abandonar la raíz. En Madrid se hace más difícil por la sequedad de la piel, por el olor a secano, ya no hay humedad en el aire, ya no hay ese romanticismo de conocerse por la calle y saludarse cotidianamente. Es como una ciudad monstruosamente grande donde cada uno va a lo suyo, donde yo llegue a cantar al metro y la gente iba con prisa y ni te miraba, te pisaba la funda de la guitarra. No era algo humano, no era a lo que estoy acostumbrado. Yo en mi aldea, que se llama Pantín, que es de cinco habitantes, hay seis vacas y una playa –yo vivo ahí, soy de aldea a mucha honra- mi jardín era de arena y la ventana de mar era el salitre y daba el agua. Eso lo llevas en la piel. Todavía vuelvo a casa y me emocionó. Hoy cuando venía en el avión, la foto del Teide nevado y del mar hace que se me caiga como una “lagrimilla” y que me emocione. Parezco un guiri, un turista que dice “¡Hostias el mar!”

Bueno lo echo demasiado de menos y lo veo menos de lo que quisiera. Pero estoy muy agradecido a Madrid, sería déspota, cínico y cretino, no ser agradecido con Madrid, con los bares, con Libertad 8, el Galileo. Yo empecé allí y le debo casi todo. Empezaron a verme cinco personas, luego diez, luego cincuenta y más tarde cien y así progresivamente. Sino es por Madrid probablemente no estaría aquí sentado. Creo que el final de mi libro no se escribe ahí y volveré a mi aldea pero estoy agradecido a estos capítulos del medio en la capital.

Dices que al llegar a Madrid estuviste cantando en el metro, ¿qué aprendiste de esa experiencia?

A detestar la palabra artista. Aprendí a valorar a las diez personas que vienen a verme, quince, veinte o diez mil, cada personas que viene. A valorar quince pavos de entrada.

Yo tocaba el metro para subsistir. Eso te hace valorar hasta un euro, a valorar las cinco personas que vienen que pues por el tiempo y la distancia vienen a verme pillándose una “guagua”, un tren o un hostal y luego se van sin dormir al día siguiente. Todo eso lo valoras cuando partes de menos diez, no cuando partes de cero. Creo que descubres lo que vale una canción cuando la gente va con prisa y no te mira ni te aplauden. Eres, no te digo poca cosa, pero sí que estas a su misma altura. Cuando te consideras artista parece que estas a otra altura pues hay una tarima, hay unas luces de colores, hay una limusina en la puerta que te va a recoger. Yo creo que soy artesano, creo que soy exactamente lo mismo que tú, que canto o que escribo historias, pero que no soy más sensible que un panadero, que un fontanero o que un profesor, mi sensibilidad viene porque tengo la facilidad de narrar historias. Aprendí ese significado allí, aprendí a empezar de muy cero. A día de hoy agradecer que me vaya así, por la gente que esta en muchas ocasiones muy “jodida” y mal de “pasta” y esta comprando un disco, una entrada, haciendo un esfuerzo por verte. Entonces eso me lo enseñó el metro. Además en mi trabajo, piensa que te aplauden cada tres minutos, que es lo que dura una canción. Eso es una “mierda” para el ego, uno se lo acaba creyendo. Por eso, me gusta darme cuenta de que soy uno más.

Damien Rice, Glen Hansard, Rosendo, Juan Luis Guerra, entre otros, son algunas de las influencias que has tenido desde tu infancia. ¿Cantabas canciones de ellos cuando actuabas en el metro?

Tengo que respetar todo tipo de carreras, de decisiones y de profesiones o de las riendas y el camino de una profesión, pero yo no creo en las carreras que empiezan en 0 y acaban en cinco mil en dos tardes por el marketing, es decir, estas carreras que empiezan y al mes llena el Palacio de los Deportes. Glen Hansard, es por ejemplo un niño que con catorce años dejo el colegio porque sabía que no le iba a llevar donde quería, que era la música, él lo que quería era cantar. Empezó a cantar en la calle, porque sabía que eso era a lo que se quería dedicar sí o sí, de hecho ganó un Óscar. Eso es lo que me interesa. No quiero imitar a nadie, yo no quiero ser Glen 2, en absoluto, yo tengo mi personalidad, mi estilo. Pero creo en la gente que defiende un sueño y no en el marketing o creer que porque fiches por una multinacional o porque vayas a salir en la televisión vayas a tener la vida resuelta, yo detesto un poco eso. Entonces sí que tengo mis moldes, mis referentes porque había gente valiente luchando por lo que quería. Me encantan las historias románticas. A mi Walt Disney me hizo mucho daño. Historias en las que un periodista, por ejemplo, persigue un sueño y recorre el mundo con una mochila. Historias tan cinéfilas y realistas a mi me hacen ilusión, me hacen canción y verso y estribillo. Admiro a esa gente por los “cojones” que tuvieron.

Muchos te acusaron a la hora de fichar por una discográfica, que convertirías tu estilo en algo mucho más comercial, ¿piensas que ha ocurrido?

Ese tipo de comentarios me dan un poco igual. En mi vida privada soy muy reservado e intento evitar Telecinco todo lo que puedo. Mi círculo privado es muy muy reducido, mi verdadero círculo de amigos, mis familiares, vamos la vida más privada que pueda tener, aquella que no sale en las canciones, que aunque cuente todo lo que beso, hay algo que me guardo. Yo tengo mis amigos desde la infancia, desde los tres años. En el momento en el que ellos lleguen y me digan que he cambiado, tengo un problema. En el momento en el que mi madre me diga que soy otro, me asustaría, me deprimiría y requeriría de ayuda profesional para avanzar. Pero creo que he sido más yo que nunca en este disco, que me he dejado llevar, no te voy a decir que por las raíces rock, porque yo no hago rock y el disco no lleva rock, salvo en dos guitarrazos. Pero cuando me decían “parece que ahora vas de cantautor rock y tú no cantas rock”. Yo a los doce, trece años escuchaba Reincidentes, Extremoduro, Platero y tú,… Quiero decir, esa es la gente que sabe lo que yo soy o no. Yo es que desde el principio quería que la gente me escuchara. Si vienes a verme, publicas una entrevista y me conoce una sola persona más que va a venir a verme, te debo una. Quiero eso.

Yo fiche por Sony por esto por la promoción, que me permita que un vídeo pueda estar en un canal de vídeos o una canción mía en la radio. Ahora, a mi Sony no me dijo que cambiara una palabra o que me pusiera corbata. Sony estuvo en su “casita”, yo grabe un disco y luego ellos llegaron al estudio y me dijeron “como mola, lo grabamos”, no opinó nada. Todas las opiniones que hay del disco las hizo Alfonso Pérez el productor, Peter Walsh el co-productor y yo. Si la batería estaba un poco alta, si digo “rojo”, “champú” o “coño” lo he dicho yo y nadie lo ha cambiado. La crítica el comentario con alma de Telecinco de “tu eres otro”, “yo te conozco”, primero ni me interesa, y segundo, me hace gracia, con todos mis respetos, porque cuando salió el disco dijeron que era un vendido por haber sacado un disco para una discográfica. Esa gente me conocía de “Moraima” disco sacado con una discográfica (EMI). Empecé a recibir, sin exagerar, quinientos comentarios en Facebook, “un bombardeo de la hostia” que ponía “yo que te conocí en el principio, yo que iba a Libertad” y yo entraba en el perfil y su cara no me sonaba de nada. Cuando iba a Libertad habían setenta y pico personas y me acuerdo de cada cara.

Has sacado seis disco en total ¿hay alguno al que le tengas un cariño especial?

Te voy a decir dos o tres, porque mira “Cuando vuelva la marea” sale Pablo Milanés y es un disco que lo grabamos entre risas, durante un mes entero. Luego esta “Moraima” que es mi primer disco en directo y es lo que yo quería desde siempre y le tengo un amor increíble. Y este último que es en el que estoy trabajando. Lo escucho muchas veces con los colegas, para ver, fallos, errores,… y estoy orgulloso de él. Entonces no puedo decirte uno. El primero “De ida”, lo cambiaría todo porque era un chaval de dieciocho años que quería comerse el mundo y el mundo se lo comió a él, pero es que claro tenía 18 años y tenía prisa y quería hacer giras, ser cantante,… No me avergüenzo, no me arrepiento pero si lo cambiaría.

Yo creo que uno esta más ilusionado con el último disco que hace. Ahora si llego al hotel y hago un disco me va a gustar más, porque es más fresco, representa lo que soy, pero cada disco debe ser un hijo, debes quererlo por igual, tiene que ser algo con lo que te sientas orgullosos cuando pasen los años.

Se ve que estás muy interesado por los temas sociales que se acontecen en nuestro país, de hecho has dicho en alguna ocasión que asististe a la Puerta del Sol aquel 15-M. Sin embargo, todas tus canciones tratan sobre el amor y el romanticismo. ¿Te planteas la posibilidad de cantarle a esta situación?

Es una gran crítica, más que una pregunta, una crítica constructiva. Cuando fue aquel movimiento en el cual yo me instalé, literalmente, en la Puerta del Sol, mi alma y mi corazón estaban ahí pero digamos que mi cuerpo, mis ideas no y ahora me avergüenzo al decirlo, pero fue así. Venía de vivir tiempos de “Cuando vuelva la marea”, aquello que llaman desamor o ruptura o depresión, yo no sé que “cojones” fue. Llegue a aplazar la grabación de “Cuando vuelva la marea”, por una separación, una ruptura, por un amor que nunca fue, un amor no correspondido. Creo a todos nos ha pasado y si es así hemos aprendido mucho. Casi durante un año estuve en mi antigua casa de Lavapiés con la persiana baja, escribiendo, llorando, bebiendo, sin luz literalmente y hablando de mi ombligo, de lo mal que lo estaba, de “yo”, “mi”, “me”, de cómo me duele el alma y el pecho y el corazón. Un día alguien me escribió en el Facebook, que es donde están “los amigos de verdad”, no en la infancia, sino en el Facebook, y me ponía que yo mucho “rojismo”, mucha protesta pero que no hacía más que hablar del desamor. Fue uno de los momentos en los que abrí los ojos y me dije “pues es verdad”. Comencé a escribir “En mi país” que no salió a la luz, comencé a escribir “Clasificados”, “La historia de un desahucio”, empecé a escribir acerca de la que opinaba. Yo soy un patriota, estoy orgulloso de ser español. A mi me encanta mi pueblo, me encanta Canarias, me encanta Cádiz, me encanta Barcelona y me dan asco los políticos, me dan mucha vergüenza ajena. Escribía acerca del cambio que necesitábamos, acerca de que, aunque no salga en la tele y no se cuente en México ahora que vengo de allí, en Lavapiés en aquella plaza de noche, había gente que se moría de frío en la calle, eso no salía o que hayan niños de tres o cuatro años que no tengan educación. Eso era lo que protestaba y luego los de arriba se lo estaban llevando crudo y se repartían los millones, de eso comencé a hablar. Solamente una de aquellas canciones salió, que fue “Clasificados”. He vuelto a escribir a la sociedad y creo que era necesario. Desde luego, me arrepiento de aquella etapa de mi vida en la que solo hablaba de ese momento de dolor y de soledad que me aburría hasta yo. Ya llegó un momento en el que dije “joder, que pesado”. Bueno aquello pasó, aprendí mucho y conocí los límites del amor, por lo tanto del dolor y ahora estoy muy bien, muy feliz y muy “happy”.

Dijiste que en Facebook tenemos a todos “nuestros amigos”. Hoy en día las redes sociales son uno de los soportes más importantes de información, ¿qué piensas de ellas?, ¿piensas que Internet te ha ayudado a darte a conocer en lugares fuera de España?

Sin duda. Cuando salieron las redes sociales, las detestaba porque recuerdo tiempos de MySpace. Todo mis compañeros, cuando yo vivía y habitaba en un bar que se llama Libertad 8 en Madrid, que estuve 8 años ahí metido, todos los días me hablaban de que tenía que estar ahí, de que los carteles, de que la gente comparte… Yo veía que me sentaba y me sacaban cuatro horas al día. Ya no tocaba la guitarra cuatro horas, ya no escribía, ya no tocaba el piano, ya no leía, no iba al teatro o al cine, eran cuatro horas delante de una pantalla haciendo cosas: eventos, mensajes,…Y dije “hasta aquí” porque me estaba quitando la vida. Yo creo que como toda droga bien utilizada, puede ser maravillosa. Creo que es una droga absoluta, las redes que nunca sociales. Si yo por poner algo en Facebook o Twitter ahora vienen a verme el miércoles o el viernes veinte personas más es como “hostias”. Si me voy a México y se llena el teatro, eso es por Internet, por las descargas gratuitas, por YouTube. El otro día entre en un bar que ponía “no tenemos Wi-fi, hablen”. Le di un abrazo al dueño, aunque sé que ya está en muchos sitios, me parece “acojonante”. Antes se iba a los bares a hablar, ahora ves las mesas de cuatro con cuatro móviles, nadie se mira, o las parejas. El otro día fui a cenar con una amiga a un restaurante así medio románticos y vimos a parejas que no hablaba o igual hablan por Whatsapp. El Whatsapp se convertirá en el sexo del futuro.

Bueno, resumiendo a día de hoy las redes me ayudan y soy el primero que las quiero utilizar si me van a aportar a favor profesionalmente. Hoy por ejemplo me levante muy temprano, pero ya a las siete de la mañana subí una foto en el avión anunciando que me iba de “mini” gira a Canarias y mucha gente se interesó. Tengo ganado eso y por supuesto que ayuda.

No es la primera vez que visitas Tenerife, ¿qué es lo que más te gusta de la isla?

Hoy me he perdido una cafetería de la “hostia” con vistas el Teide que me recomendaron porque tenía prisa y no nos daba tiempo. Todo depende de las ganas que tengas de ver en lugar de mirar. Normalmente la gente cree que yo veo mucho y que viajo mucho, pero no es turismo, es trabajo. Es decir, yo llego a la ciudad, voy al hotel, descanso, hago una prueba de sonido, vuelvo, voy al concierto y me voy.

Tengo un día “off” que es el jueves, pues el miércoles y viernes canto en el Paraninfo de la ULL en La Laguna, entonces ese día trataré de hacer turismo, además de bañarme que estamos a treinta grados en febrero, pero tratare de ver algo. Evidentemente en cada viaje hay una canción. Si te dejas querer y miras en lugar de ver te lo puedes llevar todo. Ahora, por ejemplo, acabo de ver la puerta de un mercado que yo no sabía que eso era un mercado, entonces es cuestión de dejar ver. No recordaba que había música, estaba oyendo un saxofón en la anterior entrevista. Como diría Pedro Guerra es “dejarse contaminar” con todos los sentidos. Espero poder ver algo, pero como acabo de llegar no he visto nada nuevo. El hotel no cuenta porque ya lo conocía. Espero probar un nuevo sabor de un alimento típico, poder probar un nuevo acento, una nueva risa, conocer algo más, inclusive alguna tienda.

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